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ESPACIO ABIERTO DE REFLEXIÓN Y EXPERIENCIAS COMPARTIDAS EN TORNO A LA LECTURA(iniciado en el Club de Lectura Almudena Grandes · Hoyo de Manzanares)
Ecos de Lectura
MARISA BAELO
DIRECTORA DEL CLUB
FEBRERO 2026
EL AFINADOR DE PIANOS
Daniel Mason
Título: El afinador de pianos
Autor: Daniel Mason
Editorial: Salamandra
Año de edición: 2003 (primera edición en español)
Páginas: Aprox. 384-444 (según edición)
ISBN: 978-84-7888-574-9
Traductor: Gema Rovira Ortega
La novela El afinador de pianos, de Daniel Mason, plantea mucho más que una aventura ambientada en el colonialismo británico: es, ante todo, la historia de una evolución —casi una metamorfosis— del protagonista, Edgar Drake. Afinador de pianos en el Londres victoriano, su existencia inicial está marcada por la rutina, la precisión técnica y una vida emocional cuidadosamente contenida. Sin embargo, el viaje a Birmania no solo lo desplaza geográficamente, sino que lo transforma de manera profunda e irreversible.
La selva birmana, exuberante y amenazante, funciona como un espacio simbólico donde todo lo reprimido cobra fuerza. La transformación no es superficial; es una evolución interior que lo aleja progresivamente del hombre que era, hasta conducirlo a un desenlace trágico. Su muerte puede entenderse como la culminación de esa metamorfosis: el precio de haber cruzado los límites de su antigua vida y de haber accedido a una verdad que ya no permite retorno.
Y en el centro de esa transformación late también su amor platónico, un sentimiento idealizado y silencioso que aviva su deseo de otra vida posible y termina de empujarlo hacia su destino.
En este proceso, el piano deja de ser un simple objeto para convertirse en auténtico coprotagonista. Representa el mundo interior de Edgar: aquello que vive, imagina y desea. Es el símbolo de la armonía que busca en medio del caos, pero también la expresión de su fragilidad en un contexto de tensiones políticas y culturales. Afinar un piano de cola en plena selva es un gesto casi absurdo y, al mismo tiempo, profundamente poético: intentar imponer orden donde todo parece resistirse a la estructura. El instrumento encarna, además, la nostalgia de Europa y la voluntad del Imperio de extender su cultura, actuando como puente —o como imposición— entre dos mundos irreconciliables.
Uno de los aspectos más notables de la novela es el tratamiento casi exhaustivo y absolutamente verosímil del oficio de afinador. Mason documenta con minuciosidad el trabajo técnico de Edgar: la tensión de las cuerdas, la sensibilidad auditiva, la mecánica interna del instrumento, las herramientas y procedimientos específicos. Esa fidelidad confiere a la narración una sólida base realista, anclada en el detalle concreto y en la disciplina artesanal. En contraste, el traslado del piano a través de la selva se percibe como una empresa prácticamente improbable, cercana a la fábula, lo que refuerza su dimensión simbólica más que su viabilidad material.
A ello se suma la pasión de Edgar por la flora y la fauna, descritas con una atención igualmente rigurosa. Sus observaciones de plantas, insectos y paisajes poseen un detallismo casi científico que no solo revela el esmero documental del autor, sino que refleja la creciente apertura del protagonista hacia el mundo que lo rodea. En esa mirada atenta a la naturaleza se manifiesta también su transformación interior: cuanto más observa, más se distancia del hombre metódico que fue.
El personaje del doctor Carroll introduce, además, una ambigüedad moral que encarna tanto la fascinación como la contradicción del proyecto colonial. Frente a él, Edgar deja de ser un mero ejecutor de órdenes y comienza a actuar movido por impulsos propios, por emociones hasta entonces desconocidas. Esa apertura a la experiencia —al amor, al riesgo, a la duda— es lo que lo humaniza, pero también lo expone y lo condena.
En definitiva, El afinador de pianos es una novela sobre la transformación y sus consecuencias. Entre la música y la selva, entre el orden y el deseo, construye una reflexión profunda sobre el precio de atreverse a cambiar.
Tras su lectura permanece un eco, una vibración sostenida, como la nota final de un instrumento recién afinado.
ENERO 2026
UN SILENCIO LLENO DE MURMULLOS
Editorial:
SEIX BARRAL
ISBN:
9788432244001
Idioma:
Castellano
Número de páginas: 344
Encuadernación:
Tapa blanda
Fecha de lanzamiento:
02/10/2024
Año de edición:
2024
Plaza de edición:
Barcelona
Colección:
Biblioteca Breve
Realidades paralelas atraviesan Un silencio lleno de murmullos: lo político y lo íntimo, la historia colectiva y la experiencia individual, el pasado que insiste y un presente marcado por la fragilidad. La novela avanza entre la situación política y social de Nicaragua y la experiencia reciente de la pandemia, entre la soledad del aislamiento y los fantasmas que regresan cuando el mundo se detiene. Nada aparece de forma aislada: las tramas se entrecruzan y se sostienen unas a otras, como si la vida de la protagonista solo pudiera entenderse en ese cruce constante de planos.
Cuando pensamos en la relación madre-hija que propone Gioconda Belli, lo que permanece no es únicamente la historia de dos mujeres, sino la sensación de que la vida de una sigue latiendo dentro de la otra como un eco persistente. Penélope regresa a la casa de su madre rodeada de objetos que hablan en silencio: fotografías, cartas olvidadas, documentos. En ese espacio detenido, donde el tiempo parece suspendido, la memoria se convierte en un territorio que debe ser recorrido con cautela. Valeria, la madre ausente, reaparece fragmentada, en murmullos y retazos de historia que Penélope va ensamblando como quien reconstruye un paisaje a partir de ruinas, ausencias y culpas heredadas.
Ese proceso de reconstrucción está marcado por la pérdida. La muerte de la madre abre la herida, pero también la posibilidad del encuentro: el descubrimiento de la hermana, dada en adopción, amplía el mapa emocional de la protagonista y la enfrenta a un abandono que no fue solo suyo. El relato avanza entonces entre la amargura, la necesidad de comprender, de justificar, y la búsqueda —siempre incompleta— del perdón. La rabia y el rencor aparecen sin edulcorantes, como emociones legítimas que conviven con una paz frágil, sostenida por vínculos imperfectos: la madrina, el novio en la distancia, y de forma temporal, la madre adoptiva de su hermana.
La novela no elude tampoco el cuerpo ni el deseo. La sexualidad, explícita y desenfadada, irrumpe como un espacio de afirmación vital frente a la pérdida y la soledad. No es un elemento accesorio, sino una forma de resistencia íntima, una manera de recordar que el cuerpo sigue siendo un territorio propio incluso cuando todo lo demás parece desmoronarse.
En ese mismo registro, la figura del detective y la ayuda externa que recibe Penélope funcionan como apoyos narrativos y emocionales: presencias que acompañan el proceso de búsqueda y que subrayan que nadie atraviesa el duelo completamente solo.
Ese duelo, además, no ocurre en un tiempo neutro. La novela está atravesada por el post-pandemia, concretamente por los más de noventa días de aislamiento, cuando el mundo volvió a respirar pero seguía marcado por el temor y la sensación de haber vivido una pausa interminable. Penélope se mueve en un pueblo que recuerda a la Sierra de Madrid —un lugar real y, al mismo tiempo, una licencia literaria— donde el encierro se vuelve más denso, más agobiante y, paradójicamente, más necesario. La pandemia no es un simple telón de fondo: es un estado del alma que intensifica la introspección y hace que los recuerdos regresen con más fuerza, como si la quietud hubiera amplificado ecos que siempre estuvieron ahí.
Valeria, por su parte, encarna una tensión antigua y contemporánea: la de una mujer que eligió la vida pública, la lucha política, la revolución, y que pagó con su ausencia el precio de esa elección. Madre y militante, amante y ausente, su figura obliga a repensar la maternidad no como un destino naturalizado, sino como una decisión atravesada por contradicciones éticas, políticas y emocionales. Su compromiso —la militancia, el exilio, la clandestinidad, las derrotas y los triunfos— se extiende más allá de su vida y se filtra en la de sus hijas.
Así, la novela hace visible cómo la historia no se detiene con la muerte. Penélope descubre que el pasado de su madre continúa operando en su propia forma de estar en el mundo, en los silencios que carga, en las preguntas que no le pertenecen del todo. Lo personal y lo político dejan de ser líneas paralelas para convertirse en una sola ruta llena de fricciones, donde las decisiones individuales tienen consecuencias íntimas y colectivas.
Cuando cerramos la novela, no clausuramos una historia, sino que dejamos una puerta entreabierta. Lo que permanece no es un final, sino un espacio donde siguen resonando las palabras no dichas, las ausencias y los recuerdos que por fin se atrevieron a hablar. En Ecos de Lectura no buscamos respuestas definitivas, sino aprender a escuchar aquello que el libro dejó vibrando dentro. Y al compartirlo, descubrimos que incluso los silencios pueden ser una forma de compañía.
DICIEMBRE 2025
EL PALACIO AZUL DE LOS INGENRIEROS BELGAS
Fulgencio Argüelles
En El palacio azul de los ingenieros belgas, Fulgencio Argüelles construye una novela donde el pasado no funciona como recuerdo clausurado, sino como una presencia persistente que condiciona la mirada y la experiencia del presente. La historia avanza desde la memoria, no como una cronología ordenada, sino como un proceso de sedimentación: lo vivido, lo escuchado y lo intuido se van superponiendo hasta configurar un relato profundamente humano. En el centro de esa memoria se alza un espacio simbólico —el palacio azul—, una construcción que concentra historia, poder y desigualdad, y cuya mera existencia define la vida de quienes lo rodean.
La acción se sitúa en un periodo marcado por la industrialización y sus consecuencias sociales, cuando el progreso prometía bienestar mientras generaba nuevas formas de sometimiento. El palacio, levantado como símbolo de modernidad y dominio técnico, representa también la distancia entre quienes toman las decisiones y quienes cargan con sus efectos. Frente a su presencia imponente, se despliega la vida cotidiana de una comunidad que observa desde fuera, consciente de habitar una historia que no le pertenece plenamente. Argüelles convierte este contraste en una reflexión constante sobre el poder, su capacidad de perdurar y su forma de inscribirse en los espacios.
La novela se articula desde la memoria familiar y colectiva. No se trata de una transmisión clara ni completa, sino de un legado fragmentario hecho de silencios, ejemplos y gestos. En ese entramado destaca la figura de Cosme, el abuelo del protagonista, un hombre comprometido con sus ideas, firme en sus convicciones y profundamente íntegro. Su coherencia ética lo convierte en referente moral, incluso para quienes representan el poder económico y técnico. En él se encarna una inteligencia práctica y creativa, ligada al trabajo y al conocimiento del entorno, que el protagonista reconoce y asimila como parte esencial de su identidad.
El narrador, Nalo, crece observando y aprendiendo de esas figuras que lo rodean. Su formación no se produce en instituciones formales, sino en el contacto directo con personas que le enseñan a mirar el mundo. La relación con su abuelo se construye desde una complicidad profunda, basada en la admiración y en una forma compartida de entender la dignidad. A esta influencia se suma la de Eneka, el jardinero del palacio, cuya sabiduría va mucho más allá del oficio. A través de él, Nalo accede a un conocimiento atento, reflexivo, que le ofrece herramientas para comprender la vida, el trabajo y las relaciones humanas.
El aprendizaje de Nalo tiene también un eje decisivo en su vínculo con su hermana, su principal referente intelectual y emocional. Es ella quien lo introduce en la lectura, la escritura y el pensamiento, y quien le ofrece las primeras claves para entender el amor y el deseo. El descubrimiento de la sexualidad se integra en la novela como parte natural del proceso de crecimiento, tratado con franqueza y sin idealizaciones. El deseo aparece como una fuerza vital, intensa y contradictoria, que atraviesa al protagonista y lo enfrenta tanto a la fascinación como a la conciencia del límite.
En este recorrido afectivo y formativo, la figura de Elena ocupa un lugar central. Su relación con Nalo se construye desde la atracción, pero también desde la distancia social y simbólica. A través de ella, la novela introduce una mirada distinta sobre la desigualdad, mostrando que las fronteras de clase no siempre se viven desde un único lugar y que existen múltiples formas de dependencia y falta de libertad.
Más allá de las trayectorias individuales, El palacio azul de los ingenieros belgas aborda con profundidad los cambios sociales y políticos de la Asturias —y la España— de las décadas de 1920 y 1930. La lucha de clases atraviesa toda la narración, especialmente en la representación del mundo minero y de las estrategias empleadas por los patronos para controlar a los trabajadores. En este contexto se inscriben también los episodios de conflictividad social y la memoria de la revolución, que la novela incorpora como expresión de una tensión largamente acumulada.
La estructura temporal refuerza esta mirada. Pasado y presente se entrelazan siguiendo la lógica del recuerdo, no de la cronología, subrayando la idea de que la historia no se cierra, sino que permanece activa en quienes la heredaron. El palacio —inspirado en una construcción real— se convierte así en testigo y símbolo de esa persistencia: un lugar bello y cargado de significado.
Al terminar la novela, no queda la sensación de haber llegado a un final, sino de haber escuchado una voz que continúa resonando, un eco que invita a revivir y recordar desde otra perspectiva. El palacio azul de los ingenieros belgas nos recuerda que los espacios guardan memoria y que comprenderlos exige atender a las vidas que los habitaron y a las desigualdades que los hicieron posibles.
NOVIEMBRE 2025
LA CARTERA
Francesca Giannone
Traductor:
Maribel Campmany
Editorial:
Duomo Ediciones
ISBN: 9788419834225
Idioma: Castellano
Número de páginas: 464
Encuadernación: Tapa blanda
Fecha de lanzamiento:
26/08/2024
Año de edición: 2024
Plaza de edición: Es
Colección: Nefelibata
En La cartera, Francesca Giannone recupera una vida singular para mostrar cómo una sola decisión puede transformar no solo a una persona, sino a toda una comunidad.
La protagonista, Anna llega al pequeño pueblo sureño de Lizzanello como esposa de Carlo, un hombre que regresa con alegría a su tierra. Para los habitantes, ella es desde el principio una forastera: nacida en el norte de Italia, con modales, educación y costumbres distintas. No se adapta a las rutinas locales ni se somete a las expectativas no expresadas de la comunidad; por el contrario, su independencia la convierte en una presencia inquietante y, al mismo tiempo, fascinante.
Sin embargo, lejos de someterse a la tradición, Anna decide seguir un camino distinto: aspira a convertirse en cartera del pueblo. Lograr ese puesto, en una época en la que el papel profesional de la mujer estaba limitado y las normas sociales eran rígidas, se convierte en un gesto de emancipación tanto personal como colectivo. Con su uniforme, su bicicleta y su gorra, recorre los senderos de Lizzanello repartiendo cartas —mensajes, noticias, ausencias y encuentros— y, en el proceso, teje una red humana más amplia de lo que nadie había imaginado.
La figura de Anna actúa así como un punto de inflexión narrativo. Su labor tiene un significado simbólico que va más allá del reparto de correspondencia: representa la posibilidad de transformar las expectativas y tradiciones que rigen la vida de Lizzanello. Aunque inicialmente recibe recelos y desconfianzas, su trabajo termina siendo el hilo invisible que une a las familias, las generaciones y las historias individuales de un pueblo que se resiste a cambiar.
A su alrededor, la novela despliega un elenco de personajes que enriquecen la trama: su marido Carlo, anclado en los afectos y las dudas entre pasado y presente; Antonio, el hermano mayor de Carlo, que intuye la fuerza de Anna desde el primer momento; y un conjunto de vecinos cuyos prejuicios, silencios, errores y secretos conforman un paisaje social que la protagonista irá desentrañando con persistencia.
La narración de Giannone es medida, delicada y evocadora. El contexto social y cultural del sur de Italia —con su arraigo a tradiciones, su ritmo lento y sus tensiones patriarcales— se percibe en cada escena, desde las plazas polvorientas hasta los interiores domésticos. La autora recrea con delicadeza, con deleite y con belleza narrativa no solo un ambiente físico, sino una atmósfera emocional donde las rutinas, los afectos y las resistencias se entrelazan.
La vida cotidiana —las pequeñas derrotas, los gestos de solidaridad, las pasiones discretas y los silencios— va configurando una imagen de conjunto que convierte a la protagonista en un símbolo de fortaleza frente a las normas que pretenden limitarla.
La cartera no es solo una historia sobre una mujer que desafía los prejuicios de su tiempo; es también una reflexión sobre cómo los actos cotidianos pueden resonar en los demás y cambiarles la mirada. La correspondencia que reparte Anna —mensajes de amor, noticias de ausencia, palabras que conectan destinos— se vuelve metáfora de una vida que no se resigna, de un lugar que no se rinde a las rutinas inamovibles y de una época de transformaciones sociales más amplias.
Al terminar la novela, no se siente un cierre definitivo, sino una continuidad que permanece en el aire: la vida de Lizzanello ya no es la misma, y la huella de Anna —la cartera que quiso ser llamada así— sigue latiendo en quienes la conocieron. La cartera nos invita a escuchar las voces que la historia dejó fuera de los márgenes y a reconocer, en lo cotidiano, las fuerzas silenciosas que mueven el mundo. En Ecos de Lectura recuperamos precisamente ese eco: la idea de que la lectura no termina con la última página.
OCTUBRE 2025
MI VERANO CON CELA EN HOYO
Rafael Martín Moyano
Editorial: Temporae
ISBN: 9788415801405
Idioma: Castellano
Número de páginas: 184
Encuadernación: Tapa blanda
Fecha de lanzamiento:
30/03/2016
Año de edición:
2016
Plaza de edición:
Es
En Mi verano con Cela en Hoyo, Rafael Martín Moyano toma como punto de partida el verano de 1942 en el que un joven Camilo José Cela, recién terminada la Guerra Civil, permaneció internado por tuberculosis en un sanatorio de Hoyo de Manzanares. A partir de la correspondencia que el autor enviaba a su madre —un conjunto de cartas poco conocido—, Moyano construye una ficción en la que el relato se filtra a través de las notas de un compañero imaginario, Miguel Vela, entendemos que para evitar el impedimento legal de reproducir literalmente esas cartas
La novela muestra a Cela en sus inicios, antes de que su figura se volviera pública y monumental: un escritor aún en formación, impulsado por la curiosidad, la duda y el deseo, que alterna entre la erudición y la vida cotidiana del sanatorio.
Ese verano se convierte en un punto de inflexión: aunque Cela renegó de esa estancia y apenas la mencionó en escritos posteriores, es en ese periodo cuando nace Pabellón de reposo y cuando la enfermedad se vuelve una experiencia transformadora que impulsa su carrera.
La presencia de Cela se muestra más humana, más cercana, y el libro se entiende como un ejercicio de reconstrucción que honra el proceso creativo del autor. Es de destacar la importancia de este periodo de sanación y reposo, pues es durante su estancia en Hoyo de Manzanares cuando Cela concibe y escribe La familia de Pascual Duarte, la novela que lo consagra como escritor y marca el inicio de su reconocimiento literario.
En Ecos de Lectura valoramos cómo Moyano rescata una etapa poco visible de Cela y la convierte en un eco narrativo que ilumina el origen de su voz literaria. También destaca el papel de Hoyo de Manzanares como escenario clave, y la mirada de Moyano, ingeniero, aporta precisión y orden a la reconstrucción del pasado.
